Querida Mercè,

 Por fin tengo un momento para escribirte y contarte cómo ha ido todo!

 El lunes 6 de mayo di a luz al pequeñito, que finalmente hemos llamado Íñigo!!!!! Decidimos el nombre en la sala de parto, jajaja!


 La situación se puede resumir en que "fue un parto muy difícil que acabó en cesárea"... Te cuento:

 

Después de 8 meses atendida en Quirón, como sabes mi marido y yo decidimos ir a dar a luz en el Hospital Sant Joan de Déu, y así poder optar por un parto natural. Nos encantó su programa MARE de Partos Respetados. Nos visitó en la semana 37 una ginecóloga encantadora, el jefe de anestesiólogos, la comadrona que lleva el programa MARE con la que redactamos un plan de parto ideal, justo lo que queríamos mi marido y yo. Nos dieron todo lujo de explicaciones, y lo más importante, recalcaron el diálogo y el respeto en la toma de decisiones en el momento del parto.

 

El caso es que el sábado 4 por la noche rompí aguas en casa, y a las 2 horas fuimos al hospital. Tenía contracciones irregulares y poco dolorosas, y nada más llegar me pusieron la vía con antibiótico para evitar infecciones. Nos dieron habitación y fuimos a dormir, a la espera de que las contracciones fueran a más.

 

A las 8 de la mañana, nos despertaron para comunicarnos que era un riesgo total estar con la bolsa de aguas rota y que procedían a inducirme el parto, introduciéndome vaginalmente prostaglandina para empezar a dilatar (según la OMS se puede estar un máximo de 72 horas con la bolsa rota antes de dar a luz con riesgo mínimo de infección, y más teniendo en cuenta que ya me habían dado antibiótico)

 

La prostaglandina no consiguió que generara contracciones más regulares así que a las horas me llevaron a la sala de parto natural que había solicitado, equipada con silla obstétrica, pelotas de pilates, piscina/bañera de agua caliente, cama articulada, equipo de música, luz tenue y muy agradable... Y allí fue cuando se presentó una comadrona y dijo que iban a empezar con la oxitocina! Noooooo!!! Oxitocina no! Mi marido y yo dijimos que no teníamos prisa, que no me precipitaran el parto de manera artificial, que quería generar las contracciones por mí misma, que dejasen que madurara el parto de manera fisiológica ya que yo veía que mis contracciones iban a más aunque de manera lenta...

 

De muy malas maneras dijeron que el protocolo ante rotura de bolsa era que si a las 12h las contracciones no eran constantes se procedía con el tratamiento de oxitocina. Les planteamos firmar el alta voluntaria e irnos a casa, y de muy malas maneras nos dijeron que la próxima vez pariera en casa y así les evitaríamos tantas molestias. En ese momento creí morir. Nos sentimos abandonados, ultrajados y en una tesitura que qué vas a hacer, ¿irte a casa? ¿irte a otro centro? El caso es que claudicamos y accedimos a la oxitocina.

 

Durante tres horas aguanté los dolores de las contracciones que empezaron rápidamente y de manera muy fuerte tras la aplicación. Solicité anestesia peridural porque no había dilatado lo suficiente y me temía un calvario de oxitocina largo y tedioso. Y así fue! Me tuvieron unas 10 horas en la sala de parto natural, rodeada de aparatos que no podía utilizar ya que me postraron en la cama, y cuando alcancé una dilatación de 9/10 cm y tras muchos tactos vaginales, procedí a los pujos. Lo hice estupendamente, controlando las respiraciones, pujando como debe hacerse, y con mi marido a mi lado en todo momento dándome apoyo. Me practicaron la maniobra de Kristeller, ya sabes, la comadrona presionando con su brazo en mi esternón para ayudar a bajar al bebé por el canal de parto. Mi marido vio cómo coronaba la cabeza del bebé! Y los pujos duraron muuuucho rato, horas! Tras 4 horas de pujos, llamaron las comadronas a dos ginecólogos que nada más llegar vieron que la cabeza del bebé estaba mal encajada, un poco ladeada. Y decidieron probar con fórceps. Ahí y a mi marido y yo estábamos indignadísimos, no queríamos el uso de fórceps y nos dijeron que no había alternativa. Yo ya estaba exhausta.

 

Tras mucho trajinar con los fórceps, vieron que no había manera y decidieron proceder con la cesárea...

 

Desde que rompí aguas hasta que nació Íñigo pasaron 27 horas. Nació el lunes 6 a las 2 de la mañana, a sus 39 semanas, sano como una manzana, con 3,500 kgs y 53 cm!!!!!

 

En total estuve ingresada 7 días ya que como puedes ver, emprendí el parto de manera natural, se transformó en parto vaginal inducido con fórceps, para acabar en cesárea.

 

Nunca me arrepentiré de las clases de yoga que he hecho a lo largo de estos 9 meses, la de cosas aprendidas que pude llevar a cabo, lo relajada que estuve en todo momento gracias a las respiraciones, visualizando el éxito en todo momento sin dejarme llevar por el pánico o el agobio, y eso que motivos tuve!!!!!

 

El martes fui a que me quitaran las 14 grapas de la cesárea y mañana iremos a la primera visita con el pediatra. 

 

Estoy muy contenta porque al día siguiente de la cesárea estaba fresca como una rosa, me pude duchar, caminar, comer de todo y la recuperación considero que ha sido milagrosa después de tanto trajín. Creo que es muy importante estar en forma para sobrellevar un buen embarazo, afrontar el parto que sea, y conseguir un posparto lo más idóneo posible!

 

En cuanto a Íñigo, ¿qué te voy a contar! Es un angélico, duerme un montón, desde el primer momento ningún problema con el pecho, traga por los descosidos y por la noche nos despierta cada 3 horas gritando como un poseso por el hambre!!!

 

Te adjunto nuestra primera foto familiar, y te mando un abrazo enorme con todo mi agradecimiento por estos meses en tu centro que tanto me han ayudado.

 

Besos,

 

Sandra

Sandra e Iñigo